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lunes, 19 de diciembre de 2011

CAPÍTULO 6: El vacuo idioma de la mancha.

ACTO PRIMERO: INTRODUCCIÓN

Oye, ¿te he dicho alguna vez que te quiero? Pero no te quiero como la trucha al trucho, ni para siempre, ni porque eres el amor de mi vida. Te quiero si tú me quieres. No, no contestes. A veces las pequeñas cosas cambian la vida, y un te quiero de tus labios me rompería el corazón. Bienvenidos a la estrella fundida.

Desnúdate poco a poco y entra, querida. No tengas miedo. No mordemos. Por ahora.


ACTO SEGUNDO: IN-ÉDITO

No exteriorizas. No sé lo que sientes. Es como abrazar a una pared, como besar a una lija. Eres del tipo de personas que no son de ningún tipo. Eres una medusa azul que se deja llevar por las corrientes. Eres un tipo antiestereotipo de todo tipo. Eres in-édito.


ACTO TERCERO: AUTORRETRATO

No esperes un gesto educado por mi parte. Solo encontrarás tierra y barro en mis ojos. Soy un pedazo de mierda, un deshecho, nada que merezca la pena si quiera mirar. Las palabras que salen de mi boca no dicen nada. Solo son un puñado de patrañas, un intento de reavivar una flor mustia que no podrá volver a levantarse más. Ni siquiera el riego de tus ojos, ni siquiera tus lágrimas, me ayudarán a levantarme. Quiero ver sufrimiento, quiero ver destrucción a mi alrededor. Quiero alcanzar la desolación absoluta, deshacerme como el azúcar y renacer de mis cenizas, infectado en odio.

           
ACTO CUARTO: METROPOLIS


No hay dinero. No hay crisis. No hay democracia. No hay nada. Dejar salir antes de entrar. Estación en curva. Meter el pie entre coche y andén, donde yace todo lo que no encontramos.


ACTO QUINTO: INCRÉDULO CREYENTE

Escúchame bien, amigo. No trates de huir. No trates de esquivar la lona. No evites el llanto, el dolor, las lágrimas, LA MALDAD. Golpéame en la boca del estómago.  Clávame el cuchillo en el pecho. Empújame por la ventana. Destrúyeme.


ACTO SEXTO: PARSIMONIA Y MELOPEA

Odio que los días comiencen tan temprano. Los para siempre. La piel arrugada al salir del baño. Condón roto, aborto. ¡No lo entiendes! ¡Nunca entiendes nada! ¡FUERA!


ACTO SÉPTIMO: ELIGE

Solo me interesa tu futuro. Amarte sabiendo que algún día morirás.  Podremos entonces ser libres. Me tomaré una copa a la salud de la muerte y me fumaré un cigarro, dos, tres. Escribiré una canción, romperé mi guitarra, me arrancaré la ropa y correré desnudo, untado en gasolina y con un mechero en la mano. Solo las hormigas sobrevivirán. Solo ellas serán dignas de tomar una decisión. Solo ellas podrán soplar hasta apagar el fuego, o dejarme arder poco a poco, hasta hacerme desaparecer del mapa.


ACTO OCTAVO: BREVES

No sé qué decir, y con eso me basta para decirlo todo. No digo nada, y lo digo todo.

Métete en la cama y tira el corazón por la ventana.


ACTO NOVENO: VACÍO ESTOMACAL

¿Qué importa si es de noche ya? ¿Que importan los 2000 Kilómetros entre nosotros? ¿Qué importa que el muro inquebrantable de la felicidad haya sido quebrantado por la pasión de sus labios? ¿Qué importas?


ACTO DÉCIMO: MANOS LIMPIAS

Vale ya de jugar conmigo. No quiero escuchar más tonterías. Estoy cansado ya. Demasiada sangre coagulada. Letrinas sucias. Vómito. Barro. Cigarrillos apagados. Jeringuillas usadas. Tensión. Mal olor. Piel muerta. Restos de cocaína. Ojos cerrados. Visión borrosa. Sudor. MIERDA.


ACTO UNDÉCIMO: MANCHAS

Tanto odio es imposible expresarlo en menos de 140 caracteres. Lágrimas secas. Lágrimas vacías. Lagrimas que gritan con dolor tu reclamo y pasión. Ven y mírame. Llegarás a ver a alguien que no te juzga, que te aprecia y te quiere por lo que eres. Pero no malinterpretes, querer es más bonito en ingles que en el vacuo idioma de la mancha.


ACTO DUODÉCIMO: DOLOR DE MUELAS

 Nada que escuchar alrededor. Solo el sonido del tiempo, acabándose, filtrándose por el colador. Mi cuerpo, líquido, cayendo al suelo. Mis pulmones humeantes, mi corazón sangrante y mi lengua deshecha, carcomida por las olas, como una roca triste y sedienta de sal. Azúcar en tus ojos. Me pongo frente al espejo y le disparo. Los cristales se rompen y tú y yo caemos, detrás, como sangre derramada en el vaso. El tiempo termina de colarse y solo queda asfalto gris, sal y flores mustias.


ACTO DECIMOTECERO: SIRENA (Parte I)

Una sacudida a mi saliva. Surgiendo de altamar me trae sueños rotos de piratas malheridos, buscando sin cesar la emoción del amor. Encuentro así el odio a las sirenas, a las campanadas sordas y a vestidos rotos. Y es que no quedaban invitados para mostrar la muestra de injusto amor convertido en odio. Disfruta, sirena de fruta.


ACTO DECIMOCUARTO: SIRENA (Parte II)

La lluvia te delata, sirena. El agua sobre tu piel muestra cómo eres realmente. El maquillaje se deshace. Tus ojos comienzan a ser completamente puros. Tu mirada te delata, sirena. Tu cola, hundida en la arena, brillante. El pañuelo en tus manos secando tus lágrimas. Todo mi odio desparramado en el suelo, esperando a que tú lo recojas, sirena. Solo un segundo más y mi corazón habrá estallado. Me iré a llorar contigo, me abrazarás, y al fin podremos ser quienes realmente somos.


ACTO DECIMOQUINTO: EXTRODUCCIÓN

No me queda ni una puta cerilla con la que prender fuego al mundo. Ni una sola mirada atrás, ni un solo antes, ni un solo después. El camino está ahí delante y sin embargo no logro verlo. No puedo caminar. Mis piernas no quieren moverse. Tengo hambre y sueño, dolor de cabeza, náuseas. Ni una puta aspirina. Ni un puto duro en la cartera. He perdido las gafas de sol, los maderos me han requisado el poco costo que me quedaba y no veo por ninguna parte una silla en la que reposar por un tiempo. 5 minutos. Solo pido eso. 5 putos minutos. Cerrar los ojos y después seguir. Seguir adelante. Desnudo. Sin nada. Sin ti. Sin cartera, sin tabaco, sin amor. Pero seguir. Sólo seguir.


Feliz fin del mundo.

La estrella fundida.

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